Gosia

Gosia


Soy Gosia. Recientemente he cumplido 30 años. Llevo más o menos siete años y medio viajando y viviendo en distintos países. Como las plantas trepadoras no dejo una raíz firme en ningún lugar, sino que en cada viaje abro las redes de pequeñas conexiones con la gente y los sitios, sabiendo que cuando vuelva allí también estaré en casa.
Siempre he tenido inquietud por descubrir el mundo. Sí, yo también era la típica niña soñadora, que pasaba horas leyendo sobre otros lugares o mirando dibujos o fotos del mundo e imaginaba como sería la vida allí.

 
 

De pequeña participé en varios viajes organizados por Europa. Gracias a mis padres quienes, a pesar de ser muy aficionados por los viajes, habiendo pasado la mayor parte de sus vidas tras la cortina de hierro, no pudieron moverse todo lo que les hubiera gustado. Esa inquietud la han transmitido a sus cinco hijos, de los cuales yo, la menor, siempre he sido la más culo-inquieta. Así pues, antes de cumplir los 18 años ya había viajado por Grecia, Italia, Francia, Austria, Hungria, Eslovaquia y, por supuesto, Polonia.

Pero solo cuando fui a la universidad empecé a abrir los ojos y conocer todas las posibilidades de viajar. En el tercer curso empecé, junto con mi novio de aquella época, a viajar a Escocia para pasar allí el verano y trabajar en un camping ubicado en la costa nor-oeste del país, en un pintoresco pueblo, llamado Applecross. Así pasamos cuatro años. Viviendo en casi completo aislamiento del resto del mundo durante seis meses al año.

La posibilidad de vivir en otro país, descubriendo sus costumbres, hablando a diario un idioma extranjero y haciendo amigos de todas las partes del mundo me hacía muy feliz. Encima, más o menos en esta epoca, descubrí el Couchsurfing, una página web para viajeros que nos permite alojar y ser alojados por gente de diferentes países y, también, conocer la gente de fuera que está viviendo o de paso en tu ciudad. La idea de que lo que quería ser yo – una viajera – fue madurando a grandes pasos en aquella epoca.

 
 

Como ya he mencionado, siempre me gustaba leer. Los autores latinoamericanos, Gabo, Julio Cortazar, Vargas Llosa etc., me hechizaban y hacían soñar con un día irme a vivir a Sudamerica. Además siempre me fascinaban los idiomas. De allí nació la idea de aprender español. Hice un curso incompleto, porque en Mayo me tocaba otra vez ir a Escocia y al año siguiente decidí irme a algún país de habla hispana, para aprender hablando con la gente por la calle en vez de gastarme dinero en cursos que ni siquiera pude terminar.

Así por casualidad o circunstancias, yo prefiero llamarlo destino, llegué a Bilbao en enero 2011. Fue un poco el conjunto de todo, estar en un nuevo sitio yo sola, tener que buscarme la vida, hacer amigos, aprender el idioma lo que me hizo abrir las alas del todo. Bilbao, País Vasco y su cultura me enamoraron. Creo que no hace falta mencionar su peculiar habitante, que durante los últimos años fue mi compañero de vida y viajes – Koldo.

 
 

Me mudé a Bilbao y desde aquí tuve mi base para las grandes escapadas. Primero hicimos un pequeño viaje en autoestop por Rumanía y Bulgaria, seguido por otro similar por los Balcanes. Al año siguiente aceptamos un mayor reto a un amigo nuestro, también muy adicto a autoestop, y nos aventuramos hasta Vladivostok, para volver desde allí poco a poco en dos meses hasta Bilbao atravesando Siberia. Pero aún así, esos 15 mil kilometros nos supieron a poco, sobre todo por falta de encontrar una gran diversidad cultural, en ese viejo continente que tan visto teníamos y, al año siguiente, nos fuimos a recorrer África Occidental en autostop. Desde Dakar en Senegal hasta Abidjan en Costa de Marfil durante los dos meses de verano.

 
 

El año 2015 fue un año de cambios y grandes planes. Por parte de una amiga me enteré sobre la posibilidad de irme a hacer un voluntariado en un pueblo de Colombia, La Macarena, que se está haciendo conocido por una maravilla natural: Caño Cristales. Me fui en Mayo para pasar tres meses en el pueblo y un mes adicional viajando por Colombia y su país vecino, Ecuador.

Por fin pisé mi tierra deseada, America Latina, y fue realmente tan bello como lo había soñado. Me hubierá quedado a vivir si no fuera que ya había soñado y comenzado a realizar otro proyecto con Koldo – la vuelta al mundo, sin prisa ni rumbo fijo. Colombia esta en la lista, por supuesto.